Natalia Millán confiesa que, a pesar de que lleva décadas en la profesión, todavía se pone nerviosa ante un rodaje. Y eso que ha participado en títulos de renombre como 'El súper', 'Un paso adelante', 'El internado', 'Policías'... Ahora vuelve a la pequeña pantalla con 'Romi', la serie que estrena Telecinco este domingo 26 de julio a las 22.00 horas (también disponible en Prime Video), protagonizada por una investigadora sorda. La actriz interpreta a su madre, una agente de la Ertzaintza.
Natalia Millán confiesa que, a pesar de que lleva décadas en la profesión, todavía se pone nerviosa ante un rodaje. Y eso que ha participado en títulos de renombre como 'El súper', 'Un paso adelante', 'El internado', 'Policías'... Ahora vuelve a la pequeña pantalla con 'Romi', la serie que estrena Telecinco este domingo 26 de julio a las 22.00 horas (también disponible en Prime Video), protagonizada por una investigadora sorda. La actriz interpreta a su madre, una agente de la Ertzaintza.
—Interpreta a Alaia, jefa de investigación de la Ertzaintza en Bilbao. Es una mujer decidida que incluso se atreve a remover el pasado sobre la muerte de su marido, aunque eso la ponga en peligro.
Sobre todo es una mujer a la que le toca remover temas muy personales porque su hija está en medio del meollo. Es una tía muy responsable con su trabajo y como madre, y precisamente por eso es muy consciente de los errores que ha podido cometer y le pesan mucho. Además, está en un momento clave de su carrera: todo apunta a que va a ascender de subinspectora a inspectora de la comisaría. Pero, claro, luego pasan mucha cosas que ponen todo en peligro.
—La relación con su hija Romi es cercana, pero también tensa por momentos. De hecho, muchas veces Romi le cuenta más cosas a su abuela que a su propia madre.
Eso pasa mucho en la vida real. Cuando existe una buena relación entre abuelos y nietos, a veces se genera una intimidad mayor que con los propios padres, que al final representan la autoridad. En este caso, además, Alaia ha tenido que ejercer de madre y de padre desde que murió su marido. Es una doble autoridad y, encima, es policía. Con la abuela, Romi encuentra mucha más confianza y complicidad. Entre madre e hija hay cariño, porque viven juntas, pero también una tensión permanente. Una de las causas de este sentimiento de culpa de Alaia es que quizá no supo estar a la altura de las circunstancias cuando Romi perdió la audición en aquel accidente en el que también falleció su padre. Eso ha supuesto una sombra entre madre e hija.
—No es su primer papel como policía. ¿En esta ocasión tuvo contacto con agentes de la Ertzaintza para documentarse?
No. Sí lo hice hace muchos años cuando rodé 'Policías'. Recuerdo incluso haber estado patrullando una noche junto a Adolfo Fernández, que era un compañero maravilloso y al que echo muchísimo de menos. Lo más divertido de este rodaje fueron las escenas de acción. Pedí que no me doblaran y que me dejaran hacer las peleas.
—O sea, que se lanzó de lleno a la acción.
Totalmente. También tuve que remar, que me costó un poco más.
—Pues tiene varias escenas remando.
Sí, y nunca lo había hecho. Practiqué antes del rodaje, pero tengo que reconocer que lo de remar no es lo mío. Además, hay una anécdota muy bonita. En una de las escenas parece que voy remando yo, pero en realidad iba en una embarcación impulsada por un grupo de mujeres que habían superado un cáncer de mama y que forman un equipo de remo (Las Dragonas). Ellas eran el auténtico motor de la embarcación mientras la cámara estaba centrada en mí. Fue una experiencia preciosa.

María Cerezuela y Natalia Millán, en 'Romi' / MEDIASET
—También tiene algunas frases en euskera.
Sí, pero aprender euskera es dificilísimo. Mira que me gustaría, porque es un idioma mágico, muy poético y metafórico, pero está tan alejado de cualquier lengua que nos pueda sonar que resulta muy complicado. Aprendí los saludos y algunas fórmulas de cortesía, pero poco más.
—En alguna escena utiliza la lengua de signos. ¿Cómo fue prepararlo?
Contamos con una 'coach' maravillosa. Sobre todo Romi (María Cerezuela) y Nerea (Edurne Azkarate) hicieron un trabajo enorme porque sus personajes utilizan constantemente la lengua de signos. Yo también recibí algunas clases para aprender lo básico, ya que hay momentos en los que Alaia se comunica con su hija de esa manera y, además, la lengua de signos tiene un papel muy importante en las investigaciones. Fue muy interesante acercarme al mundo de las personas sordas y un gran orgullo acercarlo al gran público.
—¿Hacer esta serie le hizo replantearse las dificultades con las que conviven las personas sordas?
Claro. Te hace comprender mejor los problemas a los que se enfrentan y las dificultades que todavía existen para integrarse en una sociedad que llamamos "normal", aunque habría que preguntarse qué significa realmente esa palabra. Para mí fue un aprendizaje muy enriquecedor.

Unax Ugalde y Natalia Millán, en 'Romi' / MEDIASET
—La serie ayuda a normalizar esa realidad porque Romi no se define únicamente por ser sorda.
Exactamente. De hecho, esa circunstancia hace que desarrolle otras capacidades que la convierten en una detective extraordinaria. El personaje de Romi lo podría haber hecho una actriz sorda, pero se hizo un 'casting' y se vio que María era la persona indicada. Pero en la serie participan dos actores sordos maravillosos. Son fantásticos y es un orgullo que formen parte del proyecto.
—¿Qué se lleva de Alaia?
Además de haber podido vivir una temporada en Bilbao, una ciudad que me encanta, me llevo todo el aprendizaje sobre el mundo de las personas sordas. Ha sido, sin duda, una de las experiencias más enriquecedoras del proyecto.
—Lleva décadas de carrera y ha participado en series muy populares. ¿Siente que ahora le llegan personajes femeninos más interesantes?
Soy una privilegiada porque he tenido la suerte de interpretar personajes maravillosos. Es verdad que durante los últimos años me he dedicado más al teatro, que es donde empecé y mi vocación original. Hubo una época en la que me ofrecían personajes que simplemente eran "la mujer de". No tenían entidad propia y no me resultaban muy interesantes. Creo que eso, afortunadamente, está cambiando. Como muestra, Alaia, que tiene su propia historia, su personalidad y su recorrido.
—De hecho, 'Romi' se sostiene sobre un matriarcado, con tres generaciones de la misma familia.
Totalmente. Desde que me hablaron del proyecto me encantó porque daba visibilidad al mundo de las personas sordas y porque era un matriarcado con tres pilares. Romi es la protagonista absoluta, pero Alaia, la abuela e incluso también el personaje de Nerea son fundamentales en la historia.

María Cerezuela (de espaldas), Elena Irureta y Natalia Millán, en 'Romi' / MEDIASET
—Ha participado en muchas series y obras teatrales, pero no se ha prodigado tanto en el cine. ¿Por qué?
Ahora estoy rodando una película musical, 'El mundo era nuestro', que creo que va a ser un proyecto muy especial. Pero sí, ha surgido un poco así. Y como a mí lo que más me gusta es el teatro, nunca he tenido mucha ambición de hacer cine. Cuando ha llegado algo, lo he hecho, igual que con las series. Además, llegas a más público, que luego viene a verte al teatro.
—Ha contado alguna vez que antes de salir a escena llegó a pensar que le iba a dar un infarto de los nervios. ¿Le sigue pasando?
Desde mi primer estreno, en 1982. Pensé literalmente que me iba a dar un infarto. Es verdad que ahora me pasa cada vez menos, pero esos nervios siguen existiendo.
—¿Y en televisión también?
También. Es que la exposición es algo muy bestia. Al final nuestro trabajo somos nosotros mismos, y eso da mucho vértigo. Confundes un poco el resultado con tu propia valía, y eso es delicado. Siempre existe el miedo a no gustar, a no estar a la altura. En el fondo todos queremos que nos quieran. Esa es la parte más delicada de esta profesión, aunque con los años aprendes a gestionarla mejor.
—Después de tantos años de profesión, ¿qué es lo único que ya no aceptaría en un rodaje?
Las faltas de respeto. Es algo que siempre lo he tenido claro y que no hay que consentir nunca. En todos los sitios hay una jerarquía que debemos respetar, pero el respeto tiene que estar siempre por encima de todo.
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