En medio de un bosque protegido, a pocos kilómetros del lago Ness (Escocia), se esconde una casa que parece sacada de otro mundo. No hay señales que indiquen su ubicación exacta, y ni siquiera los vecinos del cercano pueblo de Tomich saben explicar con precisión cómo llegar hasta ella.Seguir leyendo....
En medio de un bosque protegido, a pocos kilómetros del lago Ness (Escocia), se esconde una casa que parece sacada de otro mundo. No hay señales que indiquen su ubicación exacta, y ni siquiera los vecinos del cercano pueblo de Tomich saben explicar con precisión cómo llegar hasta ella.
Entre la vegetación, integrada en el paisaje, surge una pequeña construcción de formas redondeadas que recuerda inevitablemente a las casas de los hobbits. Allí vive Stuart Grant, un hombre de 94 años que lleva décadas construyendo, pieza a pieza, un hogar que no responde a planos ni normas convencionales.
Este increíble entorno lo ha documentado el canal de Instagram @VisualWalkUK. Detrás del canal hay un joven cineasta y videógrafo, que se dedica a explorar paisajes rurales, pueblos históricos y rincones ocultos de Gran Bretaña.
El encuentroA través de documentales de estilo cinematográfico, narra las historias de las personas que mantienen vivos los modos de vida tradicionales. En uno de sus vídeos conoce a un hombre que se llama Stuart Grant.
Una ruina en medio del bosqueSu historia comienza con una ruina, poco más que un hueco en mitad del bosque: "Cuando vine aquí por primera vez no había techo, solo una entrada, un agujero, ni siquiera una puerta. Empecé trayendo troncos para poder cerrarlo y durante muchos años [la casa] tuvo un techo plano, pero empezó a gotear y decidí hacer uno inclinado. Vivía aquí mientras lo iba arreglando, con la idea de convertirlo en una casa".
Lejos de ser una construcción rápida, el proceso se alargó durante años, en los que Stuart trabajó con sus propias manos, mezclando cemento, colocando piedras recogidas del río y utilizando madera de árboles caídos: "Tenía una cama de campamento y una pequeña estufa de leña. Estaba rodeado de materiales de obra y pensé que podía hacer este lugar más cómodo".
Una simple coincidenciaLa casa no nació como una réplica de ningún universo literario. De hecho, Stuart nunca ha leído 'El Hobbit' ni ha tenido relación alguna con la obra de Tolkien. Según expone, la similitud es pura coincidencia, que nace a raíz de una "construcción orgánica, adaptada al terreno y guiada más por la intuición que por una idea estética preconcebida".
El entorno forma parte esencial del lugar. Stuart ha creado un pequeño estanque y convive con la fauna que habita el bosque, en un espacio donde apenas se escucha nada más que el agua y los pájaros. "La tranquilidad es absoluta y el paso del tiempo parece diluirse entre las estaciones", confiesa el anciano.
El anterior inquilino de la casaAntes que él, sin embargo, ya hubo vida en esa misma zona. Según cuenta, en ese espacio vivió un zapatero que tenía animales y llevaba una vida completamente rural. "Tenía una vaca con su ternero, gallinas y un burro muy conocido. Decían que, cuando volvía del pueblo, el burro decidía que ya había caminado suficiente, se tumbaba en el camino y él lo dejaba allí. Luego el animal volvía solo a casa", relata Stuart.
A lo largo de su vida, Stuart también ha tenido contacto con el mundo exterior, ya que sirvió en el Ejército británico durante dos años y ha viajado por muchos países: desde Malta hasta Japón, pasando por Corea y África.
Aun así, nunca llegó a desvincularse del todo de este lugar: "Me encanta viajar, pero no podría dejar la belleza de las Highlands", las tierras altas escocesas.