Aumentan las voces, desde Ecologistas a grupos políticos como Vox, que lamentan las trabas para la preservación del campo
Balance del incendio de Los Gallardos
Aumentan las voces, desde Ecologistas a grupos políticos como Vox, que lamentan las trabas para la preservación del campoNo todo puede atribuirse al cambio climático, sino que hay múltiples factores –sin restarle trascendencia a éste– que explican la voracidad de los últimos incendios originados tanto en Andalucía como el actual que afecta a la comunidad autónoma de Castilla La Mancha. Y, uno de ellos, es el abandono de las tareas agrícolas tradicionales, asunto en el que coinciden desde grupos ecologistas a partidos políticos como Vox, que discrepan enormemente en otros muchos asuntos.
La asociación Ecologistas en Acción hizo público ayer un balance de la incalculable pérdida medioambiental que ha supuesto el incendio forestal de Los Gallardos (Almería), que ha calcinado unas 7.000 hectáreas en el corazón de la Zona Especial de Conservación (ZEC) Sierra de Cabrera-Bédar, una «isla verde» en el sureste peninsular y refugio para una de las mayores poblaciones europeas de tortuga mora.
Entre los factores que señalan como causas que facilitaron la propagación del fuego que acabó con la vida de 13 personas, señalan «la homogeneización del paisaje y la pérdida del mosaico agroforestal, favorecida principalmente por los cambios en los usos del suelo y el abandono agrícola y de los aprovechamientos tradicionales». Todo ello generó «una continuidad del combustible».
El punto 141 del acuerdo de Gobierno firmado entre el PP y Vox para esta legislatura incide en este asunto. De hecho, ambos partidos se comprometen «desde el primer día de Gobierno» a «revisar la normativa para eliminar cualquier obstáculo qu eimpida a nuestros sectores agrícola, ganadero, silvícola y cinegético contribuir a la preservación del campo y del monte contra los incendios a través de la limpieza y el desbroce de los montes, la presencia del pastoreo y del ganado doméstico, y el resto de actividades esenciales para alcanzar el equilibrio del ecosistema, la mejora de la biodiversidad y la sostenibilidad en la gestión de la masa forestal».
Ayer mismo, Eugenio Esteban de la Morena, alcalde de Tamajón del PP, uno de los municipios afectados por el incendio en Castilla La Mancha, también lamentaba, más allá de los efectos del cambio climático, que la gestión integral de los montes ha sido completamente inapropiada durante las últimas décadas.
Hay otros asuntos en los que las posturas de cómo afrontar la actual situación medioambiental están muy distanciadas. En el informe señalado sobre la situación de Los Gallardos de Ecologistas en Acción también se exige una dotación real del plan de gestión de la Zona Especial de Conservación, «aprobado en 2015 y crónicamente infrafinanciado, incluyendo prevención de incendios basada en gestión del paisaje».
Aquí, por ejemplo, el abordaje del acuerdo PP-Vox es distinto porque lo que se propone es «revisar» la «delimitación» de todos esos planes, incluyendo los de Red Natura 2000 y la Red de espacios Protegidos, para «compatibilizar la protección del medio natural con el desarrollo económico, respetando en todo caso la legislación vigente».
Donde la coincidencia es unánime es que el incendio de Los Gallardos cambiará la fisonomía de la zona para siempre. El fuego ha afectado a una Zona Especial de Conservación (ZEC), integrada en la Red Ecológica Europea Natura 2000 y que cuenta con una extensión superior a las 33.700 hectáreas, alberga más de mil especies vegetales y funciona como un corredor ecológico esencial que conecta el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar con el Paraje Natural del Karst en Yesos de Sorbas.
Ecologistas en Acción recuerda que este espacio protegido alberga treinta hábitats de interés comunitario y comunidades de aves rupícolas protegidas, como el águila perdicera, el búho real y el halcón peregrino, así como un amplio elenco de flora endémica exclusiva de la zona.
Señala igualmente que su diversidad geológica —afloramientos de rocas volcánicas, yesos, calizas y esquistos— permite que se asienten aquí más de 1.000 especies vegetales, muchas de ellas amenazadas y endémicas. Estas sierras funcionan como una isla verde en un entorno árido, gracias a la influencia del hálito marino y a unas precipitaciones mayores que las del resto de la comarca. Es, en pocas palabras, uno de los enclaves con más diversidad florística de la Península Ibérica.
Todo esto ha cambiado para siempre y será difícil de recuperar. Por ese motivo, exigen que los pasos para la recuperación de la zona se desarrollen tras una «evaluación pública e independiente del daño sobre los hábitats prioritarios» y que el diseño del plan de restauración ecológica sea «integral» y centrado en recuperar el bosque mediterráneo, rechazando las meras reforestaciones con pinar.
Hay que señalar que tras el incendio que afectó a Doñana en 2017 se utilizó una fórmula parecida para su recuperación. La Junta de Andalucía creó entonces un Grupo de Trabajo Técnico Científico para asesorar al Gobierno andaluz en estas labores en el que participaron miembros de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), de las universidades de Huelva, Sevilla y Granada, del Espacio Natural de Doñana y de la Red de Equilibrios Biológicos.
El informe del grupo conservacionista también pone tareas a las Administraciones para los próximos años. Exigen, entre otras cosas, «revisar el estado de conservación de las líneas eléctricas en todo el medio rural almeriense y en general en todas las líneas de media tensión que atraviesen masas forestales»; el «cumplimiento efectivo de la normativa sobre Planes Locales de Emergencia y Planes de Autoprotección, con la realización periódica de simulacros y la evaluación de su eficacia»; y la «revisión de la legalidad urbanística de las edificaciones situadas en suelo forestal o en la interfaz urbano-forestal y de las autorizaciones que hayan permitido su implantación».
Ecologistas en Acción concluye lamentando que «la Sierra de Cabrera-Bédar tardará décadas en recuperar lo perdido, y parte de ello no volverá» y que aunque algunos hábitats se regeneren, otros muchos no lo harán.