Un amigo me recuerda con su ironía acostumbrada cómo Cuatro es un canal que va a derrochar testosterona por sus cuatro costados. La presencia de su nuevo fichaje, Josep Pedrerol, sumado a los de Nacho Abad, Íker Jiménez y Risto Mejide, configurará una programación capaz de agarrar por el cuello a cualquier ciudadano aguerrido, de la mañana a la madrugada y de lunes a viernes. Más los sábados y domingos.
Un amigo me recuerda con su ironía acostumbrada cómo Cuatro es un canal que va a derrochar testosterona por sus cuatro costados. La presencia de su nuevo fichaje, Josep Pedrerol, sumado a los de Nacho Abad, Íker Jiménez y Risto Mejide, configurará una programación capaz de agarrar por el cuello a cualquier ciudadano aguerrido, de la mañana a la madrugada y de lunes a viernes. Más los sábados y domingos.
La televisión es un organismo vivo que, como tal, nunca se toma una pausa. Haciendo de la necesidad virtud, las cadenas pares cayeron en la cuenta que realizando formatos en directo aumentaba la rentabilidad. Cuando más de doce horas de emisión se completan con espacios en directo donde una mesa de tertulianos da vuelta a los temas de la agenda del día, el minuto sale a un precio de risa.
Descubrir la gallina de los huevos de oro fue cosa, como siempre, de ensayo y error. Aquellos que tuvieron la paciencia de mantener los formatos y crear una fidelidad con los espectadores a base de tiempo y paciencia pudieron comprobar que la fórmula funcionaba como un tiro. Una vez que los programas navegan a velocidad de crucero, con sus seguidores atrapados, ese bucle que se forma entre el emisor y el receptor puede ser infinito. He aquí uno de los motivos por los que la ficción ha quedado proscrita a las plataformas. La televisión lineal pide a gritos formatos en directo. Tomar el pulso a lo que está pasando y debatirlo. Dando más importancia al debate que a la propia información.
La Séptima llega en noviembre con la lección bien aprendida, y con el convencimiento que durante este curso preelectoral su audiencia va a ser cada vez más significativa. La televisión, efectivamente, está más viva que nunca.
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