Tengo un amigo que siempre jugaba a un número de la lotería. Un día lo llamó el lotero, con el que tenía amistad, para darle una gran noticia. Te han tocado 300.000 euros en el último sorteo. El amigo comenzó a dar brincos y a chillar como si el equipo de sus sueños acabase de marcar un gol. La alegría no duró mucho. ¿Puedes pasarte por la administración?. La voz del lotero, a la siguiente llamada, no era la de alguien que da una buena noticia y el amigo se temió lo peor. La información inicial, dada de otra forma, habría tenido otro significado. El lotero se había equivocado y le había puesto un cero de más: al amigo le habían correspondido 30.000 euros, que después de pensar en el otro premio, muy superior, le supo a poco.Seguir leyendo....
Tengo un amigo que siempre jugaba a un número de la lotería. Un día lo llamó el lotero, con el que tenía amistad, para darle una gran noticia. “Te han tocado 300.000 euros en el último sorteo”. El amigo comenzó a dar brincos y a chillar como si el equipo de sus sueños acabase de marcar un gol. La alegría no duró mucho. “¿Puedes pasarte por la administración?”. La voz del lotero, a la siguiente llamada, no era la de alguien que da una buena noticia y el amigo se temió lo peor. La información inicial, dada de otra forma, habría tenido otro significado. El lotero se había equivocado y le había puesto un cero de más: al amigo le habían correspondido 30.000 euros, que después de pensar en el otro premio, muy superior, le supo a poco.
Cualquier corredor del mundo excepto uno, si sabe que antes de empezar la Vuelta gana tres etapas y se pasa ocho días de líder se habría llevado un alegrón. Lo nunca visto y, por supuesto, si no ha renovado con su equipo, o está en negociaciones con otro, una base sólida para aumentar el contrato casi en la diferencia de los 300.000 euros irreales a los 30.000 que le tocaron al amigo en la lotería.
La desgracia de PogacarPero, Pogacar, pobre Pogacar, las tres etapas y los ocho días de líder le supieron a poco, como los 30.000 euros que te tocan cuando creías que habías ganado una cifra con un cero de más. Fue el antes y el después de esta Vuelta, sin que ello signifique desmerecer la victoria de Enric Mas. Cualquier evento deportivo sólo lo gana uno, aunque el mejor equipo de la final falle el penalti decisivo; el tenista que ha dado un espectáculo tenga el día cruzado en la final; o el piloto destacado se caiga de la moto o destroce el motor del coche en la última vuelta del circuito. Así es la vida, que sólo es justa para unos, normalmente pocos.
Nunca se sabrá cuántas etapas habría ganado Pogacar y, sobre todo, si se habría repetido otra vez el fantástico duelo, el único que se ha visto en esta Vuelta con dos líderes, entre el astro esloveno y la estrella mallorquina, tal como sucedió en Castelló, en una pista sin asfalto que debe servir para impulsar, aunque sin abusar, para que todas las carreras grandes programen al menos una jornada con tierra y piedras donde nunca falta el espectáculo.
Pogacar dejó huérfana a la Vuelta, aunque su retirada no impactó de forma negativa en la audiencia televisiva en España, aunque sí en el tráfico digital internacional. Y lo más duro vino después cuando ya las informaciones médicas procedentes de Barcelona, donde operaron al fenómeno esloveno, ya hablaron de que era imposible que pudiera afrontar los tres retos que quería correr para cerrar el año ciclista 2026: el Mundial de Montreal, el Europeo de Eslovenia y la cita con Lombardía y el reto de ganar la clásica italiana por sexta vez consecutiva.
La ocasión de EvenepoelEn estas tres competiciones sucederá lo mismo que ha ocurrido en la Vuelta después de la marcha obligada de Pogacar. La general quedó más abierta, aunque Mas se encargó de cerrarla de forma casi inmediata. Esto es algo de lo que se puede encargar Remco Evenepoel, que ya realizó el viernes una exhibición en Quebec y que, sin Pogacar en acción, se queda como el máximo favorito al triunfo en cualquiera de las tres competiciones: segundo el año pasado, en este trío de carreras, por detrás de su rival de Eslovenia.
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Colorín colorado, la Vuelta se ha acabado, con los ojos enrojecidos por la caída de Pogacar y la felicidad por el resurgimiento de Mas, con la fortuna de un calor controlado en Andalucía, salvo los días iniciales, la tremenda respuesta de público con el astro esloveno en concurso y luego una carrera que ya entró en la dinámica habitual de los últimos años, salvo la emoción puesta por el éxito de un corredor local, algo que no ocurría desde el triunfo de Alberto Contador en 2014.
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