Вход на сайт

Просмотр новости

Найдите то, что Вас интересует

Los traperos que recogieron la basura en Madrid durante siglos (y hasta antes de ayer) donde no llegaba el Ayuntamiento

Дата публикации: 20-09-2026 04:00:37

Los traperos y traperas han sido parte fundamental de la recogida de desperdicios de la ciudad desde el Antiguo Régimen. Su figura sobre los carros entrando en la ciudad pertenece ya al imaginario nostálgico de Madrid, pero en su día tuvieron que soportar el estigma social asociado a la pobreza. Hoy en día sigue habiendo personas que arrastran carritos de la compra recogiendo chatarra que podrían ser consideradas herederas de los traperosEl joven, el pobre, el de fuera: “pánico moral” y prejuicios sobre los “niños golfos” en la construcción de Madrid
“Los carros de la sierra, grandes, de pesado rodaje y toldo negro, comenzaban a desfilar hacia la población, cabeceando como sombríos barcos de la noche. Otros más pequeños deslizábanse entre ellos, pasando ante el fielato sin detenerse. Eran los vehículos de los traperos, unas cajas descubiertas de las que tiraban pequeños borricos. Los dueños iban tendidos en el fondo, continuando su sueño, con la tranquilidad que les daba el estar a aquellas horas la calle de Bravo Murillo libre de tranvías”.

El párrafo anterior pertenece al comienzo de la novela La Horda, de Vicente Blasco Ibáñez, y da cuenta de una estampa habitual a principios del siglo XX, cuando se escribió la novela, la de la entrada de carros a Madrid a primera hora del día. Entre ellos, destacaban los de los traperos, una estampa de otros tiempos aún prendida en la memoria de los más mayores que enhebra la historia de nuestra ciudad a través de sus desperdicios.

La presencia de traperos en Madrid viene de muy atrás, aunque inicialmente el vocablo se refería a comerciantes de paños. Poco a poco, fue quedando para aquellas personas que recogían los trapos abandonados en la calle y los lavaban para ser reutilizados en la fabricación de papel. El tipo de género que recogían de las calles, de entre los desperdicios de los vecinos, fue aumentando hasta que el contenido del vocablo trapero se llenó de diversas formas. Los traperos de Madrid estaban agrupados gremialmente durante el Antiguo Régimen en la Hermandad de Jesús Nazareno. En 1789, fecha en que el Consejo de Castilla aprobó unas nuevas ordenanzas, el gremio reunía a unos noventa traperos.























"Pregones de Madrid / ¡El traperooo! (1840)".



Una de las encomiendas más reseñables de los traperos era la de la retirada de los cadáveres animales, que llevaban los cuerpos a los basureros y muladares que había extramuros la villa. A cambio, podían aprovechar las pieles y otros despojos del animal, cuidándose mucho de no introducir la carne intramuros. Les estaba permitido separar, curar y vender las pieles de los animales –caballos, perros o gatos– que morían en la vía pública, además de aprovechar las crines, herraduras, huesos o la grasa (que se utilizaba para el sebo de cera o como lubricante para carros).

Una muestra de cómo los traperos estaban plenamente integrados en el sistema de limpieza de la ciudad desde época temprana lo encontramos en una propuesta de la Escuela Veterinaria de Madrid en 1802, cuyos rectores pidieron que fueran los traperos quienes se ocuparan de solucionar la epidemia de perros abandoados en Madrid. A ellos se les encomendó poner veneno en los basureros, recoger los cadáveres caninos y enterrarlos. Si el perro sobrevía al veneno debían darle muerte con su característico chuzo.























Malditos perros Yngleses... Trapero



Los traperos fueron los encargados de estos menesteres hasta que en 1891 surgió el cuerpo de laceros, que en campañas anuales de tres o cuatro meses recorrían la ciudad con un palo coronado por una cuerda con nudo corredizo para atrapar a los perros. Los dueños tenían tres días para reclamar su perro, de lo contrario los animales eran sacrificados en una cámara de gas.

La preocupación por la limpieza de Madrid fue una constante sempiternamente insatisfecha y muy ligada al crecimiento de la ciudad. La urbe duplicó su población durante la segunda mitad del XIX, especialmente a partir del desarrollo del Ensanche, alcanzando el medio millón de habitantes. Pero el crecimiento no había hecho nada más que empezar: alcanzaría el millón de habitantes en los años treinta, incluso antes de que anexionara a los municipios de su cinturón entre los años cuarenta y cincuenta.

Antes de la gran explosión urbana, la figura del trapero había calado en la literatura y en el tipismo madrileño como una figura propia del paisaje popular. En Francia había sido también un arquetipo muy presente. Aparece en Las flores del mal de Baudelaire, en pinturas de Manet y en muchas otras obras que lo muestran como un arquetipo digno, cercano a la bohemia urbana anterior a la gran reforma del París de callejuelas que operara Haussmann. En España, el trapero simpático también hace acto de presencia y, como novedad, lo hace también la trapera. Sale en textos de Larra o de Mesonero Romanos. El trapero y la trapera, caracterizados con el saco y el chuzo, a menudo con ropa burguesa raída, formaban parte del tipismo popular.























En La Horda los traperos son protagonistas y habitantes de la miseria



La desarticulación de la forma gremial del trabajo propia de los tiempos alcanzó a los traperos, que proliferaron a medida que la ciudad crecía desordenadamente y se fueron agrupando en barriadas fuera del centro. Uno de estos barrios de traperos fueron las Injurias en la actual zona de Pirámides –que fue desmantelado en 1906– o Las Cambroneras, cerca del Puente de Segovia.

El trapero dejó de ser un personaje simpático y los habitantes de estos barrios comenzaron a aparecer con gesto adusto en la literatura. José Maltrana, el intelectual proletario que describió Vicente Blasco Ibáñez en La Horda (1905) sufre una caída hacia la miseria extrema que le aboca a vivir con los traperos. En La Busca (1904), de Pío Baroja, los traperos son el escalón más bajo del edificio social, uno pintado con los colores de la sordidez propios de la visión estigmatizadora de la pobreza que reinaba en aquellos años.

Los nuevos traperos se contaban por millares y carecían ya de la vieja organización de los tiempos gremiales. No conocemos muchos ejemplos de asociacionismo obrero, aunque sabemos que a principios de siglo, algunos se constituyeron en sociedad sindical y se reunían en los salones de unas escuelas de la calle Hernani, en el barrio de Cuatro Caminos.   

A pesar de diferentes tentativas frustradas de modernizar el servicio de recogida de basuras, los traperos siguieron siendo durante muchos años indispensables. En noviembre de 1894 el Ayuntamiento aprobó los pliegos de condiciones para subastar los servicios “de limpiezas, riegos, extracción y destrucción de basuras, desagüe de pozos negros, transformación y destrucción de materias fecales y recogida y aprovechamiento de animales muertos”. El proyecto incluía el establecimiento de incineradores y, en general una importante modernización del servicio. Los traperos no desaparecerían, pero quedarían consignados exclusivamente a la recogida de la basura de los particulares.























Rebusca en la basura en los años 30 en la actual zona de Tetuán



El contrato lo ganó una empresa belga, a la que le fue rescindido el contrato en poco tiempo por incluir en numerosos incumplimientos del contrato. Todo siguió igual, pues, con el sistema de acumulación de la basura en vertederos que ha dejado imágenes horribles de niños haciendo la rebusca en montañas de basura.

La rebusca suponía para aquellos trabajadores y trabajadoras informales de la basura una exposición constante a los gases desprendidos por la fermentación, la exposición al óxido, a elementos lacerantes y otros elementos que mermaban su salud de forma dramática.

Gran parte de los desechos se acumulaban también en los patios de los traperos, donde se depositaban para que todos los miembros de la familia participaran en la clasificación, reutilización y reventa de los desechos. Los barrios del nuevo extrarradio, con su paisaje semi rural de casas bajas con corral, eran adecuados para ello, y nacieron así nuevos barrios de traperos como La Ventilla, en Tetuán de las Victorias.

Los carros de traperos, tirados por borricos, entraban en procesión cada mañana en Madrid en busca de la basura que generaba la ciudad. El diario El Socialista cifraba en 800 los  que cada día desfilaban por la calle de Bravo Murillo a la altura de 1927 y Madrid contaba con unos 10.000 traperos.

La suciedad de Madrid fue una de las preocupaciones de los partidos de mayor sensibilidad social en el Ayuntamiento. La corporación republicano-socialista de 1912 emprendió un plan para higienizar las calles de la ciudad, tomando como ejemplo ciudades como Berlín, Hamburgo y Frankfurt. Se proponía suprimir completamente la actividad de los traperos y, a cambio, ampliar radicalmente el personal del servicio de limpieza de la ciudad. Proponían, de hecho, absorber a parte de los traperos como asalariados con un jornal de dos pesetas y media al día y poner a las traperas a limpiar instalaciones municipales como mercados o mataderos. Ni este ni otros proyectos llegaron nunca a buen puerto por falta de dotación presupuestaria y el poco interés del resto de partidos en la empresa.























Traperos de la Huerta de la Salud (Hortaleza) en 1940. La señora María y su marido el Tío Piloto



Siguieron así avanzando décadas los traperos en el calendario del siglo XX y encontraron en la posguerra y una España hecha detritus un hábitat perfecto y un contexto tan miserable como el de años anteriores. De nuevo, tuvieron que sufrir el estigma de ver asociados a la peligrosidad social y las categorías potencialmente delictivas de los vagos y maleantes.

A pesar de todo, estuvieron también sometidos a una regulación. las Ordenanzas de policía urbana y gobierno de la Villa de Madrid en los años cincuenta describían qué podían hacer y no hacer los traperos. “Los traperos vendrán obligados a acudir al vertedero que se les señale veinticinco días de cada mes, por lo menos, para depositar el sobrante de su escogido”, se decía por ejemplo en su artículo 105.

Se ocupaban de recoger la basura domiciliaria y, de nuevo, se habló durante estos años de incluirles en la reforma pendiente del servicio de limpieza. En los años setenta era un oficio declinante pero las sucesivas expansiones informales de Madrid hacían que el oficio perviviera y, una vez más, hiciera llegar un precario servicio de limpieza allí donde todavía no se había oficializado la ciudad.























En el vertedero de La China, de un reportaje de Alfonso Sastre



 En 1971 el dramaturgo Alfonso Sastre escribía en Triunfo un extenso artículo con imágenes de niños rebuscando en la basura del vertedero de La China –situado junto al Manzanares– que recordaban a tiempos anteriores y entrevistaba a cacharreros y otras personas que vivían de la venta de desperdicios. Además de rescatar voces de la busca en los años setenta, desgrana detalles sobre el comercio informal de basura que implicaba a empleados municipales de limpieza o de los vertederos.

En los años ochenta el término trapero reflotó a través en el marco de las movilizaciones de los barrios del sur de Madrid frente a la exclusión social y la drogadicción. En 1984, Coordinadora de Barrios de Entrevías impulsó la Asociación Traperos de Emaús-Madrid (inspirada en el movimiento internacional del mismo nombre). Se trataba de una plataforma asociativa de recogida, restauración y reventa de muebles, ropa y electrodomésticos que ocupaba a personas en riesgo de exclusión social.

Hoy no quedan traperos que no sean músicos en las calles, ¿o sí? ¿Qué son sino herederos de su estirpe los ciudadanos de origen rumano que recorren nuestras calles con carritos de supermercados repletos de metales? ¿En qué se diferencian los carros de los traperos que, en blanco y negro, despiertan la nostalgia en foros de imágenes antiguas de Madrid?
PARA SABER MÁS:

García, D. C. (2007). El trapero: el otro marginal en la historia de la literatura y de la cultura popular. Revista Káñina, 31(1), 217-227.
Jiménez, R. B. (2019). Un espacio de producción y de sociabilidad laboral en las sombras de la capital. El barrio de las Cambroneras en Madrid (1868-1930). In Sociedades y culturas: IX Congreso de Historia Social. Treinta años de la Asociación de Historia social. Comunicaciones. Oviedo, 7-9 de noviembre de 2019 (pp. 403-425). Asociación de Historia Social.
Rodríguez-Martín, N. (2020). Epidemias, insalubridad y gestión municipal. La limpieza urbana en Madrid, 1892-1915. Investigaciones Históricas. Época Moderna y Contemporánea, (40), 497-522.
Sastre, A. (8-5-1971). La busca. Revista Triunfo
Tejedor, P. P. (2017). El gremio de traperos y la Escuela Veterinaria de Madrid. In Libro de actas del XXIII Congreso Nacional y XIV Congreso Iberoamericano de Historia de la Veterinaria: Badajoz, 27 y 28 de octubre de 2017 (pp. 41-50). Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Badajoz.






Apoya el trabajo periodístico de Somos Madrid
Esta información ha podido salir a la luz gracias a las personas que apoyan la edición local de Madrid en elDiario.es. Si tú también quieres y puedes hacerlo, hazte socia, hazte socio y contribuye a sostener nuestro trabajo diario y a publicar exclusivas que cambien las cosas. Si ya tienes una suscripción, puedes hacer una aportación extra a la sección local de Madrid para apoyar las informaciones de proximidad, sobre lo que importa en el día a día de los habitantes de esta ciudad: para hacerlo, entra en el apartado de 'tu cuota' en tu perfil privado. Tu ayuda al periodismo local es importante.





Основное содержимое страницы с новостью.

“Los carros de la sierra, grandes, de pesado rodaje y toldo negro, comenzaban a desfilar hacia la población, cabeceando como sombríos barcos de la noche. Otros más pequeños deslizábanse entre ellos, pasando ante el fielato sin detenerse. Eran los vehículos de los traperos, unas cajas descubiertas de las que tiraban pequeños borricos. Los dueños iban tendidos en el fondo, continuando su sueño, con la tranquilidad que les daba el estar a aquellas horas la calle de Bravo Murillo libre de tranvías”.

El párrafo anterior pertenece al comienzo de la novela La Horda, de Vicente Blasco Ibáñez, y da cuenta de una estampa habitual a principios del siglo XX, cuando se escribió la novela, la de la entrada de carros a Madrid a primera hora del día. Entre ellos, destacaban los de los traperos, una estampa de otros tiempos aún prendida en la memoria de los más mayores que enhebra la historia de nuestra ciudad a través de sus desperdicios.

La presencia de traperos en Madrid viene de muy atrás, aunque inicialmente el vocablo se refería a comerciantes de paños. Poco a poco, fue quedando para aquellas personas que recogían los trapos abandonados en la calle y los lavaban para ser reutilizados en la fabricación de papel. El tipo de género que recogían de las calles, de entre los desperdicios de los vecinos, fue aumentando hasta que el contenido del vocablo trapero se llenó de diversas formas. Los traperos de Madrid estaban agrupados gremialmente durante el Antiguo Régimen en la Hermandad de Jesús Nazareno. En 1789, fecha en que el Consejo de Castilla aprobó unas nuevas ordenanzas, el gremio reunía a unos noventa traperos.

"Pregones de Madrid / ¡El traperooo! (1840)".

Una de las encomiendas más reseñables de los traperos era la de la retirada de los cadáveres animales, que llevaban los cuerpos a los basureros y muladares que había extramuros la villa. A cambio, podían aprovechar las pieles y otros despojos del animal, cuidándose mucho de no introducir la carne intramuros. Les estaba permitido separar, curar y vender las pieles de los animales –caballos, perros o gatos– que morían en la vía pública, además de aprovechar las crines, herraduras, huesos o la grasa (que se utilizaba para el sebo de cera o como lubricante para carros).

Una muestra de cómo los traperos estaban plenamente integrados en el sistema de limpieza de la ciudad desde época temprana lo encontramos en una propuesta de la Escuela Veterinaria de Madrid en 1802, cuyos rectores pidieron que fueran los traperos quienes se ocuparan de solucionar la epidemia de perros abandoados en Madrid. A ellos se les encomendó poner veneno en los basureros, recoger los cadáveres caninos y enterrarlos. Si el perro sobrevía al veneno debían darle muerte con su característico chuzo.

Malditos perros Yngleses... Trapero

Los traperos fueron los encargados de estos menesteres hasta que en 1891 surgió el cuerpo de laceros, que en campañas anuales de tres o cuatro meses recorrían la ciudad con un palo coronado por una cuerda con nudo corredizo para atrapar a los perros. Los dueños tenían tres días para reclamar su perro, de lo contrario los animales eran sacrificados en una cámara de gas.

La preocupación por la limpieza de Madrid fue una constante sempiternamente insatisfecha y muy ligada al crecimiento de la ciudad. La urbe duplicó su población durante la segunda mitad del XIX, especialmente a partir del desarrollo del Ensanche, alcanzando el medio millón de habitantes. Pero el crecimiento no había hecho nada más que empezar: alcanzaría el millón de habitantes en los años treinta, incluso antes de que anexionara a los municipios de su cinturón entre los años cuarenta y cincuenta.

Antes de la gran explosión urbana, la figura del trapero había calado en la literatura y en el tipismo madrileño como una figura propia del paisaje popular. En Francia había sido también un arquetipo muy presente. Aparece en Las flores del mal de Baudelaire, en pinturas de Manet y en muchas otras obras que lo muestran como un arquetipo digno, cercano a la bohemia urbana anterior a la gran reforma del París de callejuelas que operara Haussmann. En España, el trapero simpático también hace acto de presencia y, como novedad, lo hace también la trapera. Sale en textos de Larra o de Mesonero Romanos. El trapero y la trapera, caracterizados con el saco y el chuzo, a menudo con ropa burguesa raída, formaban parte del tipismo popular.

En La Horda los traperos son protagonistas y habitantes de la miseria

La desarticulación de la forma gremial del trabajo propia de los tiempos alcanzó a los traperos, que proliferaron a medida que la ciudad crecía desordenadamente y se fueron agrupando en barriadas fuera del centro. Uno de estos barrios de traperos fueron las Injurias en la actual zona de Pirámides –que fue desmantelado en 1906– o Las Cambroneras, cerca del Puente de Segovia.

El trapero dejó de ser un personaje simpático y los habitantes de estos barrios comenzaron a aparecer con gesto adusto en la literatura. José Maltrana, el intelectual proletario que describió Vicente Blasco Ibáñez en La Horda (1905) sufre una caída hacia la miseria extrema que le aboca a vivir con los traperos. En La Busca (1904), de Pío Baroja, los traperos son el escalón más bajo del edificio social, uno pintado con los colores de la sordidez propios de la visión estigmatizadora de la pobreza que reinaba en aquellos años.

Los nuevos traperos se contaban por millares y carecían ya de la vieja organización de los tiempos gremiales. No conocemos muchos ejemplos de asociacionismo obrero, aunque sabemos que a principios de siglo, algunos se constituyeron en sociedad sindical y se reunían en los salones de unas escuelas de la calle Hernani, en el barrio de Cuatro Caminos.   

A pesar de diferentes tentativas frustradas de modernizar el servicio de recogida de basuras, los traperos siguieron siendo durante muchos años indispensables. En noviembre de 1894 el Ayuntamiento aprobó los pliegos de condiciones para subastar los servicios “de limpiezas, riegos, extracción y destrucción de basuras, desagüe de pozos negros, transformación y destrucción de materias fecales y recogida y aprovechamiento de animales muertos”. El proyecto incluía el establecimiento de incineradores y, en general una importante modernización del servicio. Los traperos no desaparecerían, pero quedarían consignados exclusivamente a la recogida de la basura de los particulares.

Rebusca en la basura en los años 30 en la actual zona de Tetuán

El contrato lo ganó una empresa belga, a la que le fue rescindido el contrato en poco tiempo por incluir en numerosos incumplimientos del contrato. Todo siguió igual, pues, con el sistema de acumulación de la basura en vertederos que ha dejado imágenes horribles de niños haciendo la rebusca en montañas de basura.

La rebusca suponía para aquellos trabajadores y trabajadoras informales de la basura una exposición constante a los gases desprendidos por la fermentación, la exposición al óxido, a elementos lacerantes y otros elementos que mermaban su salud de forma dramática.

Gran parte de los desechos se acumulaban también en los patios de los traperos, donde se depositaban para que todos los miembros de la familia participaran en la clasificación, reutilización y reventa de los desechos. Los barrios del nuevo extrarradio, con su paisaje semi rural de casas bajas con corral, eran adecuados para ello, y nacieron así nuevos barrios de traperos como La Ventilla, en Tetuán de las Victorias.

Los carros de traperos, tirados por borricos, entraban en procesión cada mañana en Madrid en busca de la basura que generaba la ciudad. El diario El Socialista cifraba en 800 los  que cada día desfilaban por la calle de Bravo Murillo a la altura de 1927 y Madrid contaba con unos 10.000 traperos.

La suciedad de Madrid fue una de las preocupaciones de los partidos de mayor sensibilidad social en el Ayuntamiento. La corporación republicano-socialista de 1912 emprendió un plan para higienizar las calles de la ciudad, tomando como ejemplo ciudades como Berlín, Hamburgo y Frankfurt. Se proponía suprimir completamente la actividad de los traperos y, a cambio, ampliar radicalmente el personal del servicio de limpieza de la ciudad. Proponían, de hecho, absorber a parte de los traperos como asalariados con un jornal de dos pesetas y media al día y poner a las traperas a limpiar instalaciones municipales como mercados o mataderos. Ni este ni otros proyectos llegaron nunca a buen puerto por falta de dotación presupuestaria y el poco interés del resto de partidos en la empresa.

Traperos de la Huerta de la Salud (Hortaleza) en 1940. La señora María y su marido el Tío Piloto

Siguieron así avanzando décadas los traperos en el calendario del siglo XX y encontraron en la posguerra y una España hecha detritus un hábitat perfecto y un contexto tan miserable como el de años anteriores. De nuevo, tuvieron que sufrir el estigma de ver asociados a la peligrosidad social y las categorías potencialmente delictivas de los vagos y maleantes.

A pesar de todo, estuvieron también sometidos a una regulación. las Ordenanzas de policía urbana y gobierno de la Villa de Madrid en los años cincuenta describían qué podían hacer y no hacer los traperos. “Los traperos vendrán obligados a acudir al vertedero que se les señale veinticinco días de cada mes, por lo menos, para depositar el sobrante de su escogido”, se decía por ejemplo en su artículo 105.

Se ocupaban de recoger la basura domiciliaria y, de nuevo, se habló durante estos años de incluirles en la reforma pendiente del servicio de limpieza. En los años setenta era un oficio declinante pero las sucesivas expansiones informales de Madrid hacían que el oficio perviviera y, una vez más, hiciera llegar un precario servicio de limpieza allí donde todavía no se había oficializado la ciudad.

En el vertedero de La China, de un reportaje de Alfonso Sastre

 En 1971 el dramaturgo Alfonso Sastre escribía en Triunfo un extenso artículo con imágenes de niños rebuscando en la basura del vertedero de La China –situado junto al Manzanares– que recordaban a tiempos anteriores y entrevistaba a cacharreros y otras personas que vivían de la venta de desperdicios. Además de rescatar voces de la busca en los años setenta, desgrana detalles sobre el comercio informal de basura que implicaba a empleados municipales de limpieza o de los vertederos.

En los años ochenta el término trapero reflotó a través en el marco de las movilizaciones de los barrios del sur de Madrid frente a la exclusión social y la drogadicción. En 1984, Coordinadora de Barrios de Entrevías impulsó la Asociación Traperos de Emaús-Madrid (inspirada en el movimiento internacional del mismo nombre). Se trataba de una plataforma asociativa de recogida, restauración y reventa de muebles, ropa y electrodomésticos que ocupaba a personas en riesgo de exclusión social.

Hoy no quedan traperos que no sean músicos en las calles, ¿o sí? ¿Qué son sino herederos de su estirpe los ciudadanos de origen rumano que recorren nuestras calles con carritos de supermercados repletos de metales? ¿En qué se diferencian los carros de los traperos que, en blanco y negro, despiertan la nostalgia en foros de imágenes antiguas de Madrid?

PARA SABER MÁS:
  • García, D. C. (2007). El trapero: el otro marginal en la historia de la literatura y de la cultura popular. Revista Káñina, 31(1), 217-227.
  • Jiménez, R. B. (2019). Un espacio de producción y de sociabilidad laboral en las sombras de la capital. El barrio de las Cambroneras en Madrid (1868-1930). In Sociedades y culturas: IX Congreso de Historia Social. Treinta años de la Asociación de Historia social. Comunicaciones. Oviedo, 7-9 de noviembre de 2019 (pp. 403-425). Asociación de Historia Social.
  • Rodríguez-Martín, N. (2020). Epidemias, insalubridad y gestión municipal. La limpieza urbana en Madrid, 1892-1915. Investigaciones Históricas. Época Moderna y Contemporánea, (40), 497-522.
  • Sastre, A. (8-5-1971). La busca. Revista Triunfo
  • Tejedor, P. P. (2017). El gremio de traperos y la Escuela Veterinaria de Madrid. In Libro de actas del XXIII Congreso Nacional y XIV Congreso Iberoamericano de Historia de la Veterinaria: Badajoz, 27 y 28 de octubre de 2017 (pp. 41-50). Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Badajoz.

Схожие новости

#Наименование новостиТональностьИнформативностьДата публикации
1El hito de tirar las pertenencias de los sintecho05.9816-06-2026
2El Ayuntamiento de Madrid publica la construcción del cantón de limpieza de Carabanchel, pese a prometer su traslado05.5505-08-2026
3Majos y chulapos, los miembros de la clase obrera que no conocen bien ni la derecha reaccionaria ni la izquierda neocastiza05.1606-08-2026
4Del arrabel al chotis: tres épocas que explican cómo se construyó el folclore madrileño06.3718-09-2026
5Caminar por la senda que llevaba cartas y noticias entre los pueblos de la Sierra Norte0527-06-2026
6Hace 25 años, Metro de Madrid se enfrentó a un gigantesco reto: remover 300.000 m3 de tierra y construir un túnel por debajo de la M-40 010.0122-07-2026
7Madrid y las cigarras05.0821-07-2026
8Las últimas fábricas’ de churros y patatas fritas de Madrid: En Starbucks no tienen porras06.6627-04-2024
9Una placa para recordar el lugar de Tetuán donde nació La Casera06.8317-09-2026
10Ayuso y Amador, señores de Quirón010.6522-06-2026

Классификация: . Схожих патентов: 0. Схожих новостей: 10. Тональность: 0. Информативность: 4.33. Источник: www.eldiario.es.