El nombre de Urbagestión Desarrollo e Inversión ha saltado esta semana a la primera línea mediática después de ejecutar el desahucio de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que llevaba viviendo desde 1956 en un piso de la calle Alcalde Sainz de Baranda, en Madrid. Detrás de una denominación empresarial que durante el conflicto ha sido calificada repetidamente como fondo de inversión —o buitre— se encuentra en realidad una estructura bastante diferente a la de gigantes internacionales como Blackstone o Cerberus, que sí han invertido en otros momentos en vivienda.