Juan José Omella ha celebrado este jueves su última misa de la Mercè como arzobispo de Barcelona. El cardenal ha concelebrado el oficio junto con los obispos de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez; de Terrassa, Salvador Cristau, y del obispo auxiliar de Barcelona, David Abadías. Y ha contado con la presencia de representantes de los grupos del Ayuntamiento de Barcelona con el alcalde, Jaume Collboni, a la cabeza. A diferencia de su antecesora, Ada Colau, el socialista sí acude a la misa, aunque no la incluya en el programa de la Mercè.Seguir leyendo....
Juan José Omella ha celebrado este jueves su última misa de la Mercè como arzobispo de Barcelona. El cardenal ha concelebrado el oficio junto con los obispos de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez; de Terrassa, Salvador Cristau, y del obispo auxiliar de Barcelona, David Abadías. Y ha contado con la presencia de representantes de los grupos del Ayuntamiento de Barcelona con el alcalde, Jaume Collboni, a la cabeza. A diferencia de su antecesora, Ada Colau, el socialista sí acude a la misa, aunque no la incluya en el programa de la Mercè.
No consta que a Omella le haya molestado el cartel de la Mercè de esta edición, como sucedió con el del año pasado, cuando el arzobispado consideró que ridiculizaba a la Virgen María. Además del alcalde, a la misa han acudido el presidente del Parlament, Josep Rull; el 'conseller' de Justícia, Ramon Espadaler; presidentes de los grupos municipales, Jordi Martí, de Junts, y Daniel Sirera, del PP.

Omella entra en la basílica de la Mercè precedido por el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez. A su derecha, Collboni , y detrás, Jordi Martí. / Jordi Otix / EPC
"Los que vienen de lejos"Omella cumplía este jueves 30 años y dos días como obispo. La misa ha empezado con un breve apagón (hacia al final ha habido otro), y el cardenal ha bromeado citando como hipótesis que fuera la propia parroquia la que desconectaba la luz para recordar que necesita más donaciones para pagarla. La homilía del arzobispo no ha incluido alusiones a su cercana despedida ni aristas de tipo alguno. Sí el acento social que siempre se le ha atribuido.
Barcelona, ha dicho, “se ha querido poner durante siglos bajo la protección de la ‘Mare de Déu de la Mercè’. Maria ha ayudado a Barcelona a mirar más allá de sí misma, a abrirse a los pobres, a los necesitados y los que vienen de lejos. Nos recuerda que la verdadera grandeza de una ciudad no se mide únicamente por sus edificios, por su prestigio o por su proyección internacional, sino por la capacidad de sus habitantes de reconocerse hermanos”.

El alcalde, los tenientes de alcalde Maria Eugènia Gay y Albert Batlle y concejales de otros grupos, este jueves en la basílica de la Mercè. / Jordi Otix / EPC
Nuevos cautiveriosEs decir, de qué trato reciben esos habitantes, de los que ha añadido que hoy viven nuevas formas de cautiverio, alusión que entroncaba con el origen de la orden mercedaria, creada por Pere Nolasc para liberar a cristianos cautivos: “Las cadenas no han desaparecido. Han cambiado de forma. Hoy hay muchas personas cautivas de la soledad no deseada, del miedo al futuro, de la pobreza material y espiritual, de la pérdida de esperanza, las adicciones, el egoísmo, el resentimiento y el vacío interior”.
Omella se irá con un legado en el que figura una guinda reciente y destacada: el éxito de la visita del papa León XIV a Barcelona en junio pasado, a la que ha aludido en su homilía. Más allá de hasta qué punto trascendió internacionalmente el acto celebrado en la Sagrada Família, el cardenal fue, según todos los conocedores del asunto, clave para que el Pontífice empleara el catalán en más de la mitad de su bendición de la Torre de Jesús y calmara así las aguas que se habían levantado ante el temor de que solo lo hiciera en castellano.
Renuncia rechazadaContaba este martes la monja sor Lucía Caram en Religión Digital que Omella se ofreció ante El Vaticano a renunciar al cargo antes de la visita papal, para que su sustituto fuera quien le recibiera en Barcelona y empezara así su mandato con un acto tan significativo. Y añade que Roma lo descartó y quiso que fuera él quien acompañara a Robert Prevost en su visita.
En cualquier caso, se da por hecho que su relevo tendrá lugar en un plazo corto, días o semanas, y fuentes eclesiales relatan que el propio Omella creía que a estas alturas ya estaría retirado en la Casa Sacerdotal de Zaragoza, una residencia para sacerdotes mayores y jubilados.
El sucesorLa elección de su sucesor es por ahora un enigma general, pero no absoluto, porque no existen dudas de que Omella sabe quién será. Han sonado el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas; el obispo de Tortosa, Sergi Gordo; y el obispo de Lleida, Daniel Palau. También Florencio Roselló, actual arzobispo de Pamplona y Tudela.
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Más allá de este debate, Omella ha celebrado la misa en la basílica de la Mercè en un final de etapa en la que se han calmado, o por lo menos mitigado significativamente, algunos de los recelos que suscitó cuando fue elegido. Entonces, en noviembre de 2015, en pleno Procés independentista, voces de la iglesia lamentaron que el elegido para sustituir a Lluís Martínez Sistach no fuera un catalán. En una entrevista le preguntaron a Omella si no había candidatos en Catalunya que hubieran podido acceder al cargo en su lugar y él respondió con retranca: “Cuando le expliqué ayer a mi madre que me habían nombrado arzobispo de Barcelona, me dijo: ‘¿No había otro mejor?’ Yo también me hago la misma pregunta”.
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