El maestro afirma que no importa quién sufre, sino cuánto, y sostiene que el dolor de un animal pesa igual, ya sea “nuestro compañero de vida o un animal que nunca lleguemos a ver”
Las personas suelen afirmar amar a sus mascotas de forma incondicional; incluso mencionan que ese amor muchas veces se antepone al que pueden sentir por otras personas. A través de ellos, nos gusta pensar que también amamos a los demás animales. Pero, ¿es así realmente? Vivimos en un mismo mundo, compartiendo espacio con una enorme diversidad de especies, y muchas veces ni siquiera llegamos a verlas. Aquí surgen algunas preguntas: ¿puede el vínculo que tenemos con nuestras mascotas enseñarnos algo sobre cómo tratar al resto de los animales? ¿Pueden esos pequeños actos cotidianos de cuidado hacia los demás animales con los que convivimos convertirse en el punto de partida hacia una compasión más amplia?
Explorando la compasión, altruismo y revisando qué hemos logrado y qué seguimos debiendo a los animales con los que compartimos el planeta. Aparece el nombre de Peter Singer, profesor emérito de Bioética, cátedra en la Universidad de Princeton, y profesor visitante del Centro de Ética Biomédica de la Universidad Nacional de Singapur. Entre sus numerosas obras figuran La Ética de lo que comemos y Salvar Una Vida: Cómo terminar con la pobreza.
El profesor sostiene que lo que importa moralmente no es quién sufre, sino cuánto sufre. Para Singer, el dolor de un animal pesa lo mismo, sea nuestro compañero de vida o un animal que nunca lleguemos a ver; y esa misma lógica —reducir el sufrimiento y aumentar el bienestar, sin importar de quién se trate— es la base de su influencia en el altruismo eficaz, un movimiento que busca usar la razón y la evidencia para hacer el mayor bien posible con los recursos que tenemos.
Muchos estaríamos dispuestos a todo por nuestro perro o nuestro gato, pero comemos carne de animales igual de inteligentes sin pensarlo dos veces. ¿Por qué amamos a unos animales y nos comemos a otros?
Amamos a los animales que llegamos a conocer como individuos. Así podemos apreciar su personalidad propia y entender que pueden ser felices o desdichados, y nos importa que lo sean. Pero con los animales que comemos, a menos que vivamos en una granja, nunca llegamos siquiera a verlos vivos. Por eso no pensamos en ellos como seres individuales capaces de sufrir o de disfrutar de su vida. Simplemente los vemos como trozos de carne.

Al observar cómo tratamos hoy a las mascotas, ¿cree que hemos hecho un progreso moral real, o simplemente nos hemos vuelto más sentimentales con los animales que tenemos más cerca, mientras todo lo demás sigue igual?
Hemos avanzado algo en el trato a las mascotas. Ya no toleramos a quien golpea a su animal, al menos no si lo hace en público. En algunas regiones, entre ellas la Unión Europea, también hemos progresado un poco en mejorar las condiciones de vida de los animales de granja. Describo ese avance en la versión actualizada de “Liberación animal”, titulada “Animal Liberation Now”. Pero está lejos de ser suficiente para darles una vida digna, sobre todo a los animales de las granjas industriales, como los cerdos, las gallinas y los peces de piscifactoría.
“No quiero que sufra” es la razón que más se escucha cuando se realiza una eutanasia a una mascota, y suele ser más aceptada. Sin embargo, ese mismo razonamiento con un ser humano que sufre, incluso cuando es él mismo quien lo pide genera más controversia y oposición. ¿ Para usted qué dice esta contradicción sobre cómo valoramos el sufrimiento y la vida?
En España las cifras todavía son pequeñas, porque la ayuda a morir solo se legalizó en 2021, pero van en aumento constante a medida que más enfermos terminales entienden que tienen esa opción para poner fin a su sufrimiento. En el mundo, cada vez más países legalizan la ayuda a morir. E incluso cuando las personas no llegan a pedirla, saber que existe esa posibilidad les da consuelo, porque saben que, si las cosas se ponen demasiado difíciles, tienen una salida.
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¿Es ético seguir criando razas como el bulldog o el carlino, sabiendo que sufrirán para respirar, solo por su aspecto?
No, eso es claramente anti ético, y quienes de verdad se preocupan por el bienestar de sus animales de compañía no elegirán esas razas.
La huella ambiental de nuestras mascotas no está solo en su comedero, también en sus residuos. ¿ Para usted deberíamos replantearnos algo en este aspecto?
Lo que de verdad necesitamos es replantearnos qué animales tenemos como compañía. Me gustaría que quien desee un animal de compañía considerara a aquellos que no necesitan comer carne, porque eso reduciría la demanda de productos animales y, con ella, el sufrimiento animal y las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a su producción. Los cobayas, los hámsteres y las ratas son buenos ejemplos. Y sus excrementos se pueden barrer sin más y añadir al compostaje: no huelen mal.
Peter Singer
Filósofo
Algunos tutores ponen ahora a sus perros, e incluso a sus gatos —carnívoros por naturaleza—, a dietas veganas. ¿Es eso un acto de compasión, o es imponer nuestra propia ética a un animal que vive en cautividad y no tiene forma de consentir?
Por la razón que acabo de dar: si los animales pueden prosperar con una dieta vegana, esa es la mejor manera de reducir el sufrimiento animal y las emisiones de gases de efecto invernadero. No los describiría como “carnívoros por naturaleza”, aunque acepto que en estado salvaje lo son.
Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría dejar a nuestros lectores y a las generaciones futuras sobre cómo deberíamos pensar nuestra relación con los animales?
Las preguntas se han centrado en los animales de compañía, pero ellos representan solo una fracción mínima del sufrimiento que infligimos a los animales. Así que lo más importante que cualquiera puede hacer para mejorar nuestra relación con ellos es dejar de consumir productos de origen animal y apoyar a organizaciones como Igualdad Animal, que luchan contra la ganadería industrial.