Ante la creciente inestabilidad del entorno internacional, Bruselas ha optado por diversificar y profundizar sus alianzas con distintos socios. Entre ellos, hay algunos de valor funcional, con quienes solo existe el entendimiento en temas concretos como las importaciones de energía. Pero hay otros con quienes se puede construir una relación más profunda y fiable, aquellos que comparten con nosotros unos valores y una forma de ver el mundo, quienes defienden activamente la democracia y un sistema internacional basado en reglas. Canadá es uno de estos socios.China es un socio comercial, pero a su vez un rival sistémico. Estados Unidos es un aliado cada vez menos fiable y crecientemente hostil hacia la Unión Europea, con un claro deterioro de los estándares democráticos. Los necesitamos a ambos, sí. China tiene las materias primas críticas que nos hacen falta y Estados Unidos alberga las principales empresas de innovación tecnológica en Silicon Valley. Pero a día de hoy ni uno ni otro constituyen un socio fiable y predecible para la Unión Europea.Canadá, en cambio, es un socio de perfil distinto, comprometido con el multilateralismo y la democracia, con estándares sociales y normativos equiparables a los nuestros, que además cuenta con los recursos materiales que la UE necesita, empezando por las materias primas críticas. La complementariedad entre ambos es de carácter estructural, no coyuntural. Canadá es, en definitiva, una oportunidad estratégica para Europa.Pero Europa también es una oportunidad para Ottawa. Canadá siempre ha sido el país americano más europeo, oscilando en un equilibrio entre su cercanía a Estados Unidos y su afinidad con el Reino Unido, mostrando una mayor proximidad al Estado del bienestar y las socialdemocracias europeas. Sin embargo, Trump ha acabado con este equilibrio. La guerra comercial entre Ottawa y Washington, junto con las amenazas de anexión, han tensado al máximo las relaciones entre los dos países norteamericanos.Es en este contexto donde los canadienses encuentran el valor de un mayor acercamiento con los vecinos del otro lado del Atlántico. A la vez que le muestra a Trump su capacidad de diversificar rápidamente socios, la aproximación a Bruselas también le otorga un ancla a un ecosistema de democracias maduras (aunque actualmente amenazadas) y una mayor resiliencia económica para afrontar la guerra comercial con su vecino del sur.Las señales de acercamiento entre Ottawa y Bruselas en las últimas semanas apuntan a esa dirección.Pero no hay que ser ingenuos. El camino hacia una mayor integración entre Canadá y la Unión Europea que pretende desembocar en una especie de estatus especial para Ottawa en sus relaciones con el bloque comunitario, no es sencillo. Para empezar, el CETA, el acuerdo comercial entre ambos, lleva nueve años sin ratificación completa, ya que países como Francia, Polonia o Italia todavía no lo han ratificado. Surgen dudas sobre la capacidad de la Unión Europea de profundizar en una relación que ni siquiera ha obtenido el sí de los 27 en sus fases iniciales de integración. También surgen dudas acerca de la velocidad de la burocracia europea. La aproximación con Canadá, aunque estructuralmente complementaria, llega determinada por un contexto internacional concreto. Si Europa quiere aprovechar esta oportunidad debe ser ágil y no dejar al país norteamericano en la penumbra de una integración sectorial y progresiva que se dilata indefinidamente.Simultáneamente, un acercamiento demasiado rápido con Canadá plantea interrogantes respecto a aquellos socios en vías de integración que llevan años, incluso décadas, esperando sin ningún atisbo real de progreso. Bruselas debe comprender que la credibilidad de su política de alianzas también se juega en la coherencia con la que gestiona las expectativas de los socios que aspiran a formar parte del proyecto.En un mundo inestable, donde las interdependencias y las relaciones comerciales son usadas como armas y las democracias están viviendo un fuerte retroceso, diversificar y profundizar alianzas con países que comparten nuestros valores es una necesidad estratégica de primer orden. La capacidad de construir relaciones duraderas y fiables, orientadas a la integración progresiva para perseguir objetivos comunes, es el camino que la UE debe tomar. El acercamiento con Canadá así lo demuestra.____________________Marcel Muñoz Rodríguez es coordinador de Políticas Públicas de la Fundación Alternativas.
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