A las 20.30 horas, el paseo de Gràcia ha dejado por unos minutos de parecer una de las avenidas más solemnes de Barcelona. El cielo ha estallado en rojo, blanco y dorado, el humo ha empezado a cubrir las fachadas y el olor a pólvora se ha abierto paso entre una multitud que aguardaba con los móviles preparados. Durante cinco minutos, los fuegos artificiales lanzados desde la nueva Porta de l’Infern han marcado el inicio del correfoc’ de la Mercè. Cada explosión arrancaba gritos y aplausos entre un público apretado contra las vallas, mientras los primeros diablos esperaban su turno al otro lado del gran arco.Seguir leyendo....
A las 20.30 horas, el paseo de Gràcia ha dejado por unos minutos de parecer una de las avenidas más solemnes de Barcelona. El cielo ha estallado en rojo, blanco y dorado, el humo ha empezado a cubrir las fachadas y el olor a pólvora se ha abierto paso entre una multitud que aguardaba con los móviles preparados. Durante cinco minutos, los fuegos artificiales lanzados desde la nueva Porta de l’Infern han marcado el inicio del ‘correfoc’ de la Mercè. Cada explosión arrancaba gritos y aplausos entre un público apretado contra las vallas, mientras los primeros diablos esperaban su turno al otro lado del gran arco.
“Es espectacular”, se escuchaba entre los asistentes cuando todavía caían las últimas chispas. Y entonces han empezado a pasar las ‘colles’.
El ‘correfoc’ ha vuelto a transformar el centro de Barcelona en una sucesión de fuego, petardos, humo y carreras. Desde la altura de la Pedrera hasta Consell de Cent, miles de personas han ocupado las aceras y los cruces para seguir el desfile de unas 24 agrupaciones, que han atravesado una a una la Porta de l’Infern antes de empezar el descenso por paseo de Gràcia.
Dragones, bestias, horcas y ‘ceptrots’ se han encendido nada más atravesar el arco. Con cada descarga, el público daba unos pasos atrás. Cuando las chispas aflojaban, volvía a acercarse. Una coreografía que se ha repetido durante toda la noche. Entre quienes contemplaban el espectáculo había también numerosos visitantes que se encontraban por primera vez frente a una de las tradiciones más ruidosas de las fiestas barcelonesas.
“Habíamos visto vídeos, pero estar aquí es otra cosa. El ruido, la gente corriendo debajo del fuego. Es una locura”, explica Emily , de 29 años, turista británica, mientras graba el paso de uno de los dragones con el móvil. “No sabíamos que iba a ser tan intenso. Estamos flipando”.
A pocos metros, la escena es muy distinta. Hay familias que conocen perfectamente el ritual y que han llegado preparadas para meterse, literalmente, debajo de las chispas. Pañuelos, gorras, manga larga y ropa de algodón distinguen rápidamente a los veteranos de quienes han acudido por primera vez. “Venimos cada año. Cuando llegan las fiestas de la Mercè, el ‘correfoc’ es una cita obligatoria”, cuenta Jordi Martí, de 41 años, acompañado de sus dos hijos. “Ahora ellos lo esperan igual que lo esperaba yo cuando era pequeño. Venimos preparados y nos ponemos donde puedan verlo de cerca, pero sin pasarnos”.
Niños subidos a hombros, jóvenes saltando bajo las chispas y centenares de móviles levantados han acompañado el avance de los diablos. El ruido apenas ha dado tregua y la pólvora ha ido dejando una fina neblina sobre la avenida.
Una puerta de 14 metros para entrar al infiernoLa principal novedad de esta edición ha sido la nueva Porta de l’Infern, una estructura de 14 metros de ancho y siete de altura, la más grande que ha tenido hasta ahora el ‘correfoc’ de Barcelona. Su creador, Daniel Esteban, de 25 años, se encontraba en primera fila minutos antes del arranque. “Hasta que no he llegado aquí y he visto toda esta gente no he sido consciente del impacto”, ha explicado en declaraciones a este diario.
La estructura está formada por cerca de un millar de representaciones de brazos, piernas, torsos, manos y pies amontonados y entrelazados. Una gran masa humana concebida precisamente como una representación del infierno.
“Cuando me ha llegado el encargo, me he preguntado cuál era mi visión del infierno en la Tierra”, ha señalado Esteban. La pieza habla, explica, del cansancio, la angustia y la violencia cotidiana, pero también de la manera en la que las personas buscan refugio frente a ellas.
“Las ‘colles’, las asociaciones y la gente que dedica horas a organizarse son para mí un refugio”, ha afirmado.El proyecto empezó hace nueve meses y los últimos cinco han estado dedicados a una producción especialmente intensa. “Nunca había hecho algo tan grande con autoría propia”, reconoce.
Pero el vértigo definitivo ha llegado este sábado, cuando la estructura ha dejado de ser un proyecto de taller para plantarse frente a miles de personas en pleno paseo de Gràcia.
Una tradición nacida en BarcelonaAunque hoy forma parte del paisaje habitual de la Mercè, el ‘correfoc’ es una tradición relativamente reciente. Nació en las fiestas de 1979, cuando Barcelona reunió por primera vez a varias ‘colles de diables’ que hasta entonces actuaban de forma dispersa en distintos municipios de Catalunya.
La intención era organizar un gran pasacalles de fuego y pólvora. Pero el público acabó transformando el espectáculo. En lugar de limitarse a mirar desde la distancia, empezó a acercarse a los diablos, correr junto a ellos y aguantar bajo las chispas hasta el último momento.
De aquella mezcla de improvisación, desafío y participación popular acabó surgiendo la fórmula que hoy define al ‘correfoc’: no solo un desfile para contemplar, sino un espectáculo en el que buena parte del público también entra en el juego.
Décadas después, esa misma escena se ha repetido este sábado en el paseo de Gràcia. Con cada descarga, la multitud retrocedía unos metros. Cuando el fuego daba tregua, volvía a acercarse.
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