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Cristina Fernández, veterinaria: “Decir que un perro no necesita cuidar sus dientes porque come bien es como pensar que una persona no necesita lavárselos porque no le duelen”

Дата публикации: 25-09-2026 13:48:42



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“Le huele el aliento, pero es que es un perro”. Es fácil restarle importancia a ese olor cuando se repite día tras día y acaba resultando familiar. Puede quedarse en una broma, en un gesto de apartarse ligeramente o, sencillamente, en algo a lo que nadie presta demasiada atención. Si el animal sigue comiendo con apetito, jugando y esperando el paseo como cualquier otro día, cuesta imaginar que pueda tener dolor en la boca, aunque una enfermedad dental lleve tiempo avanzando.

Cristina Fernández, directora veterinaria de Clinicanimal Tres Caminos, apunta a este descuido como uno de los más habituales en el cuidado de los perros. “La salud dental queda relegada cuando no hay una señal que parezca urgente, igual que unos kilos de más pueden terminar viéndose como algo normal o una reducción de la actividad atribuirse sin más al paso de los años. Son cambios que llegan poco a poco y que pueden tardar demasiado en recibir la atención que necesitan”, explica Fernández, en conversación con La Vanguardia.

El mal aliento no debería formar parte de la normalidad

La boca suele quedar fuera de las prioridades hasta que algo obliga a mirarla. El mal aliento es una de esas señales que se perciben con facilidad, pero a las que no siempre se concede importancia. Para Fernández, precisamente ahí está uno de los errores más habituales: “El mal aliento no es ‘cosa de perros’: puede ser la primera pista de una enfermedad dental que ya está causando dolor”. Por eso, señala, “la revisión de la boca debería formar parte de los cuidados habituales, igual que el control del peso o las visitas veterinarias”. La frecuencia de estos problemas ayuda a entender por qué no conviene tratarlos como una rareza. Según información difundida por AniCura a partir del comité Dental de la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA), más del 90% de los animales de compañía presentan patologías dentales.

En este sentido, el veterinario Paulo Chen coincide en que un olor desagradable y persistente no debería considerarse normal. “También pueden aparecer cambios más discretos: masticar solo por un lado, dejar caer comida, perder interés por determinados juguetes o mostrar menos ganas de comer. En ocasiones, son esas pequeñas modificaciones las que permiten sospechar que algo está ocurriendo antes de que el problema resulte evidente”, subraya Chen.

El mal aliento persistente y pequeños cambios al comer o jugar pueden ser las primeras señales de un problema dental que todavía no resulta evidente 

El mal aliento persistente y pequeños cambios al comer o jugar pueden ser las primeras señales de un problema dental que todavía no resulta evidente Getty Images/iStockphoto

Que siga comiendo no significa que no le duela

Uno de los errores más frecuentes consiste en esperar a que el perro deje de comer para pensar que existe un problema en la boca. Pero, según explica Fernández, el dolor no tiene por qué hacer que el animal pierda el apetito. “Decir que un perro no necesita cuidar sus dientes porque come bien es como pensar que una persona no necesita lavárselos porque no le duelen. El apetito puede mantenerse mientras la enfermedad dental avanza. La acumulación de placa bacteriana favorece la aparición de sarro y la inflamación de las encías y, con el tiempo, la enfermedad periodontal puede afectar a los tejidos que sujetan los dientes, provocar dolor y terminar causando la pérdida de piezas”, advierte la veterinaria.

El problema es que, cuando estos signos se normalizan, la enfermedad puede seguir avanzando sin que la familia sea consciente de ello. Enrique Bolás, veterinario de AniCura, advierte de que restar importancia al mal aliento puede significar pasar por alto un posible cuadro de dolor e infección. A medida que la enfermedad periodontal progresa, el sarro puede acumularse también bajo la encía y dañar los tejidos y estructuras que mantienen los dientes sujetos. Y las consecuencias no tienen por qué quedarse en la boca. Marine Minnaert, directora médica de AniCura, explica que las bacterias asociadas a la enfermedad periodontal pueden pasar al torrente sanguíneo a través de unas encías enfermas y, potencialmente, afectar a otros órganos, como el corazón, los riñones o el hígado.

Por eso, Fernández recomienda no esperar a que el problema sea evidente o a que el perro tenga dificultades para comer para actuar. La prevención, explica, pasa por prestar atención a cambios que pueden parecer menores y mantener unos cuidados básicos de forma constante. “Revisar la boca con regularidad, mantener una higiene dental adecuada y consultar al veterinario ante cambios persistentes permite actuar antes de que el problema avance”, remarca.

La prevención y las revisiones periódicas permiten detectar a tiempo problemas dentales que pueden avanzar sin síntomas evidentes 

La prevención y las revisiones periódicas permiten detectar a tiempo problemas dentales que pueden avanzar sin síntomas evidentes Getty Images

Los kilos de más también pueden dejar de llamar la atención

La misma dificultad para detectar un problema aparece en otro terreno muy distinto: el peso. Un perro no suele ganar varios kilos de un día para otro, sino que el aumento se produce poco a poco, hasta que ese nuevo aspecto termina resultando familiar para quienes conviven con él. Fernández advierte de que precisamente esa evolución gradual puede hacer que el sobrepeso se normalice. Y no se trata solo de una cuestión estética. “El exceso de peso repercute sobre las articulaciones, dificulta la movilidad y puede reducir la resistencia al ejercicio, además de asociarse a distintos problemas de salud”, señala.

La convivencia también puede distorsionar la percepción de cuánto ha cambiado realmente el animal. Lo que comenzó como unos gramos de más puede acabar pasando inadvertido con el tiempo. Por eso, el control del peso no debería limitarse a los casos en los que el sobrepeso ya resulta evidente. “La alimentación debe ajustarse a las necesidades de cada perro y tener en cuenta factores como su edad, nivel de actividad, peso, esterilización o posibles enfermedades”, añade Fernández.

La actividad física puede necesitar ajustes, pero eliminarla por completo tampoco es una solución

Cristina Fernández

Veterinaria

Algo parecido puede ocurrir cuando el perro envejece. Duerme más, pasea menos o tarda más en levantarse, y la primera explicación suele ser que simplemente se está haciendo mayor. En algunos casos será así; en otros, conviene comprobar qué hay detrás de esos cambios antes de atribuirlos únicamente a la edad. “Hacerse mayor no significa abandonar los cuidados. La actividad física puede necesitar ajustes, pero eliminarla por completo tampoco es una solución. Un perro sénior necesita mantener el movimiento en función de su estado de salud para conservar la masa muscular y la movilidad”, advierte Fernández.

Y no solo importa mantener el cuerpo activo. La estimulación mental, que suele cobrar especial protagonismo durante la etapa de cachorro, también sigue siendo necesaria con los años. “Seguir olfateando, aprendiendo, resolviendo pequeños retos y manteniendo una interacción positiva continúa siendo beneficioso cuando el perro ya es adulto”, explica la veterinaria. En esta etapa, además, las revisiones veterinarias adquieren un papel especialmente importante para distinguir los cambios propios del envejecimiento de aquellos que pueden estar relacionados con un problema de salud. “La edad no debería servir para dar por normales cambios persistentes en el comportamiento, el apetito, el peso, el descanso o la movilidad sin comprobar antes su causa”, concluye Fernández.

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