El regreso a los horarios habituales rompe de golpe la previsibilidad del verano y puede afectar al bienestar y al comportamiento de los peludos
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Septiembre no solo cambia los horarios de las personas. Para muchos perros, el regreso al trabajo, al colegio y a las rutinas habituales supone pasar de tener compañía prácticamente todo el día a quedarse solos durante varias horas. Después de semanas de paseos más largos, visitas y actividad constante en casa, el cambio puede resultar difícil de llevar.
La antrozoóloga Paula Calvo explica en su blog Antrozoología que esta transición puede estar detrás de parte de los problemas de comportamiento que aparecen en esta época. Durante agosto, señala, los animales han podido acostumbrarse a una dinámica en la que “ha habido alguien en casa prácticamente todo el rato”. De repente, llega septiembre y la casa puede quedarse vacía durante nueve horas. Para el animal, no es simplemente la vuelta a la rutina: “es la desaparición repentina de todo su mundo social”.
No todo es ansiedad por separación
Uno de los primeros errores, según Calvo, es asumir que cualquier conducta problemática cuando el perro se queda solo responde automáticamente a la llamada ansiedad por separación. La especialista recuerda que actualmente se habla de “problemas relacionados con la separación”, ya que esa expresión describe un conjunto de comportamientos, pero no explica necesariamente cuál es su origen.
La investigación citada por Calvo ayuda a entender por qué es importante distinguir cada caso. Un estudio de la Universidad de Lincoln publicado en 2020 analizó los signos de 2.757 perros y encontró cuatro perfiles diferentes: frustración por salir, evitación de algo dentro de casa, reactividad ante lo que ocurre en el exterior y aburrimiento.
Esto significa que dos peludos pueden reaccionar de una forma aparentemente idéntica durante una ausencia y, sin embargo, necesitar respuestas completamente distintas. Como resume la investigación, hablar de ansiedad por separación es “el principio del proceso diagnóstico, en lugar de su final”.
La situación tampoco termina necesariamente cuando llegan las vacaciones. Algunos perros que se quedan con familiares o cuidadores pueden mostrar señales de estrés por la ausencia de sus personas de referencia. La etóloga Montse Lloret ha advertido que no todos los animales expresan ese malestar ladrando o destrozando objetos: algunos pueden quedarse bloqueados, comer peor, dormir mal o estar inquietos.
Preparar al perro antes de que llegue septiembre
Por eso, uno de los momentos más importantes para facilitar la transición es precisamente antes de que cambie la rutina. Calvo recomienda empezar a introducir ausencias progresivas, con salidas cortas que permitan al perro recuperar la idea de que quedarse solo forma parte de su día y que la marcha de sus personas de referencia va seguida de un regreso.
También puede ayudar romper las asociaciones que anticipan la salida. Coger las llaves, ponerse los zapatos o preparar el bolso pueden convertirse en señales que generan activación incluso antes de que la persona haya abandonado la casa. Realizar esos gestos sin salir puede contribuir a que pierdan parte de ese significado.
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La previsibilidad también juega un papel importante. Mantener horarios relativamente estables para las comidas, los paseos y el descanso permite que el animal pueda anticipar lo que va a suceder. “Un animal de familia que puede anticipar lo que va a pasar dispone de una fuente enorme de seguridad”, explica Calvo. Y precisamente esa previsibilidad es la que septiembre puede romper de golpe.
El enriquecimiento también puede ser útil, especialmente en aquellos casos en los que el aburrimiento forma parte del problema. Paseos con tiempo para olfatear, juegos, juguetes y actividades adaptadas al animal pueden ayudar a que las horas de ausencia sean menos monótonas.

En definitiva, septiembre no tiene por qué convertirse en un mes complicado para el perro. La clave está en no esperar a que aparezcan los problemas para actuar. Anticipar el cambio, introducir las ausencias poco a poco y mantener unas rutinas puede hacer que la transición sea mucho más llevadera.