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Soraya Beuk, veterinaria: “Hay muchos perros cachorros que vienen con miedo; si no está bien gestionado, se puede convertir en agresividad”

Дата публикации: 27-09-2026 15:45:00


El miedo no convierte inevitablemente a un cachorro en un perro agresivo, pero ignorar sus primeras señales o intentar corregirlas mediante castigos puede hacer que el problema se agrave con el tiempo


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Un cachorro que se esconde, intenta alejarse o se muestra incómodo ante determinadas personas, perros o manipulaciones no está simplemente pasando por una etapa que siempre desaparecerá sola. El miedo forma parte del comportamiento normal, pero cuando es intenso, frecuente o no se gestiona adecuadamente puede terminar condicionando la manera en la que el animal responde a aquello que percibe como una amenaza.

Es una de las advertencias que hace Soraya Beuk, veterinaria especializada en etología clínica (el área de la medicina veterinaria dedicada al comportamiento), durante una entrevista en el podcast veterinario Bet to Bet. Beuk es residente del Colegio Europeo de Bienestar Animal y Medicina del Comportamiento (ECAWBM) en el Hospital Clínico Veterinario de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y realiza allí su doctorado. “Hay muchos perros cachorros que vienen con miedo”, explica. Y advierte de la posible evolución del problema: “Ese miedo, a los dos años, si no está bien gestionado, se puede convertir en agresividad”.

La agresividad puede ser una forma de intentar alejar aquello que da miedo

La afirmación no significa que todo cachorro miedoso vaya a convertirse en un perro agresivo. En algunos animales, sin embargo, una respuesta defensiva puede aparecer cuando las estrategias más sutiles para evitar una situación no funcionan. La literatura veterinaria recoge que el miedo durante determinadas interacciones puede escalar hasta respuestas agresivas, especialmente cuando el animal se siente atrapado, acorralado o sin posibilidad de apartarse.

Beuk insiste precisamente en que el mordisco suele aparecer mucho después de otras señales. Antes de enseñar los dientes o llegar a morder, explica, el perro puede haber estado comunicando incomodidad durante mucho tiempo.

Para la veterinaria, perros y gatos proporcionan “muchísimas señales previamente” antes de llegar a comportamientos agresivos más evidentes. Por eso, esperar a que aparezca una agresión clara puede significar intervenir cuando el problema lleva meses desarrollándose.

Castigar el miedo puede empeorar la situación

Otro punto en el que Beuk pone especial énfasis es en cómo se responde a esas primeras señales. Durante la entrevista critica técnicas basadas en la intimidación o el dolor, como collares de estrangulación o de púas, así como otros métodos destinados a asustar o contener al animal mediante estímulos desagradables. Según explica, recurrir a ese tipo de herramientas puede añadir todavía más miedo a un perro que ya está teniendo dificultades. 

Esta recomendación coincide con la posición de la American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB), sociedad estadounidense de veterinarios especializados en comportamiento animal. La organización recomienda métodos basados en recompensas y desaconseja herramientas y técnicas aversivas, entre ellas los collares de ahogo, de púas o eléctricos y los métodos de intimidación.

Los estudios observacionales han encontrado una asociación entre el uso de métodos aversivos y problemas como miedo, ansiedad y comportamientos agresivos. Eso no permite afirmar que en todos los casos exista una relación causal directa (también es posible que algunos propietarios recurran a estos métodos precisamente porque su perro ya presenta problemas), pero sí existen suficientes riesgos de bienestar para que las principales recomendaciones veterinarias aconsejen evitarlos.

La prevención empieza cuando todavía es cachorro

Para Beuk, detectar estas situaciones pronto es especialmente importante porque ofrece la posibilidad de intervenir antes de que una reacción de miedo se consolide. Eso incluye observar cómo responde el cachorro a personas desconocidas, otros animales, ruidos, manipulaciones o visitas al veterinario. La especialista también señala que el propio manejo en la clínica puede generar miedo a la manipulación si las experiencias resultan demasiado intensas o desagradables.

Detectar el miedo y trabajarlo desde cachorro puede evitar que se consoliden respuestas más intensas o difíciles de manejar con el tiempo. 

Detectar el miedo y trabajarlo desde cachorro puede evitar que se consoliden respuestas más intensas o difíciles de manejar con el tiempo. Unplash

La solución no consiste en obligar al cachorro a soportar aquello que teme hasta que “se acostumbre”. El objetivo es trabajar a una intensidad que pueda tolerar, favorecer experiencias positivas y pedir ayuda profesional cuando el miedo es intenso o empieza a interferir en su vida cotidiana.

La AVSAB defiende igualmente que los problemas relacionados con miedo, ansiedad o agresividad requieren planes que pueden combinar cambios en el entorno, modificación de conducta y, en determinados casos clínicos, tratamiento veterinario.

A veces detrás de un cambio de conducta también hay dolor

La entrevista deja además otra advertencia importante: un problema que parece exclusivamente conductual puede tener un componente médico. Beuk cuenta que recibe animales derivados después de interpretar sus reacciones como estrés y que, en algunos casos, termina detectándose que el dolor o el malestar físico estaban influyendo en su comportamiento. Según explica, estos animales pueden manifestar ese malestar mediante miedo, fobias o agresividad.

Por eso, en medicina del comportamiento una de las primeras tareas consiste en descartar problemas orgánicos antes de asumir que todo se debe al carácter o a la educación del animal. El mensaje de fondo de Beuk es precisamente intervenir antes de llegar al mordisco. Un cachorro que tiene miedo ya está dando información importante, aunque todavía no gruña ni enseñe los dientes. Entender esas señales y responder sin aumentar su temor puede evitar que una dificultad relativamente pequeña termine convirtiéndose en un problema mucho más complicado.

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