La frecuencia, la duración y la aparición de cambios como beber u orinar más de lo habitual son datos que pueden orientar al veterinario hacia problemas digestivos, renales, metabólicos o musculoesqueléticos
Cuando nuestra mascota está sufriendo una enfermedad, hay veces que no se muestra de forma evidente. Algunas patologías avanzan durante meses con señales discretas y, en determinados casos, los cambios que observa el propietario pueden ser la primera pista. Por eso,la medicina preventiva y la detección de cambios respecto al comportamiento habitual del animal tienen un peso cada vez mayor en la consulta veterinaria.
La World Small Animal Veterinary Association (WSAVA), organización que representa a más de 300.000 veterinarios, recomienda al menos una revisión veterinaria anual en perros y gatos, con controles más frecuentes en animales mayores, jóvenes o con enfermedades crónicas. Sus principios de bienestar recuerdan, además, que algunas enfermedades pueden detectarse mediante exploraciones y pruebas antes de que aparezcan manifestaciones fácilmente reconocibles por sus cuidadores.

La veterinaria Ángela Masía identifica varios errores que encuentra habitualmente entre propietarios y que, pese a partir muchas veces de la intención de evitar molestias al animal, pueden retrasar un diagnóstico.
Uno de esos errores es esperar varios días confiando en que el problema desaparecerá. Masía utiliza como ejemplo un vómito aislado, que no tiene necesariamente la misma relevancia que uno repetido, pero tampoco conviene convertir los vómitos frecuentes en algo normal.
La razón está en que vomitar es un síntoma y no un diagnóstico. El Manual Veterinario de Merck recoge entre sus posibles causas desde alteraciones digestivas hasta pancreatitis, enfermedad renal o hepática e ingestión de sustancias irritantes o tóxicas. Los episodios prolongados o acompañados de sangre, dolor abdominal, debilidad, deshidratación o pérdida de peso requieren una evaluación más detallada.
Por eso, la veterinaria cuestiona el habitual “ya se le pasará”. Esto no significa que cualquier vómito aislado implique una enfermedad grave, sino que la frecuencia, la evolución y los síntomas asociados cambian por completo su significado clínico.

Otro equívoco señalado por Masía consiste en interpretar que un perro que conserva el apetito o se muestra contento necesariamente está sano. Algunas enfermedades pueden encontrarse todavía en fases en las que el estado general parece normal.
Un buen ejemplo está en el riñón. El Manual Veterinario de Merck explica que en la enfermedad renal crónica los signos clínicos directamente relacionados con la enfermedad pueden no resultar evidentes hasta que existe una pérdida importante de masa renal funcional. Entre las primeras señales atribuibles al deterioro renal aparecen precisamente el aumento de la sed y de la producción de orina.
Beber mucha agua tampoco apunta exclusivamente al riñón. La diabetes mellitus en perros y gatos, por ejemplo, suele producir poliuria y polidipsia (orinar y beber más), además de pérdida de peso y otros cambios.
¿Por qué una analítica puede encontrar problemas antes de que haya síntomas?Masía también pone el foco en la decisión de descartar una analítica o una prueba simplemente porque “el perro está bien”. Y no todos los animales necesitan las mismas pruebas ni con la misma periodicidad. La edad, antecedentes, raza, exploración clínica y factores de riesgo condicionan qué pruebas tienen sentido hacerle a cada uno.
Las recomendaciones de la WSAVA sobre atención primaria contemplan precisamente el análisis de sangre y orina como las herramientas principales que pueden emplearse durante los controles preventivos para conocer el estado de salud.
Ángela Masía
Veterinaria
Otro error destacado por la veterinaria es recurrir a lo que denomina “parches”: repetir un protector gástrico, un antiinflamatorio o un cambio temporal de alimentación porque anteriormente pareció funcionar.
También existe un riesgo al medicar al animal por iniciativa propia o reutilizar un tratamiento anterior porque los síntomas parecen iguales. Dos cuadros clínicos similares pueden tener causas distintas y la elección de un medicamento, su dosis y su seguridad dependen del paciente y del diagnóstico.
La clave, según explica Masía, está en no confundir la desaparición momentánea de una manifestación con la resolución de la enfermedad: “Tratar el síntoma no siempre significa tratar la enfermedad”.
La prevención veterinaria tampoco significa someter sistemáticamente a todos los perros y gatos a las mismas exploraciones. La recomendación internacional es establecer un plan adaptado a edad, historial médico, estilo de vida y riesgos individuales.